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María JoséDicen que no cocina el que quiere, sino el que puede. Es que a María José, hermosa y dulce mujer… madre… amiga… hermana, aunque quisiera no le salía mal lo que cocinaba. Por poco que hiciera, probar su sabiduría en los fogones, heredada a la vez de su madre (las dos en la foto), probarlo era todo un mundo de sensaciones.
Recuerdo… cómo olvidarlo? Alguna de esas veces que fuimos a Las Estancias, en las montañas catamarqueñas, apareció con un frasco de vidrio que contenía el tesoro, rojo intenso: unos pimientos asados que jamás volví a probar. No eran ni dulces ni salados, no eran ni agrios ni desabridos, no sabían a ajo, pero lo tenían. Puro placer para los sentidos.
Hace unos días fui al “mercadillo” y los vi, unos pimientos que parecía que me estaban llamando, pidiéndome que los traiga a casa y que los preparara tal como mi recuerdo de los pimientos de Marijó. Desde ya que eso es imposible, pero el resultado de los que les cuento en esta receta ha sido muy bueno. Ella había usado pimientos tipo “calahorra”, los míos no lo son, no tienen tanta carne, pero la esencia de la forma de hacerlos está aquí y dejo en vuestras manos que, como siempre, experimenten hasta conseguir el sabor que prefieran.

Ingredientes

Pimientos rojos (o verdes si lo prefieres)
Sal
Azúcar
1 Diente de ajo
Vinagre de manzana a gusto
Aceite de oliva

Preparación

1- Asar los pimientos. Puede ser al horno, en una parrillita sobre la hornalla, sobre una plancha o en una parrilla a las brasas. Cada método dará un resultado diferente por la forma en que se cuece y recibe el calor.

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2- Controlar que la piel de los pimientos se tueste sin que llegue a quemar la carne, ya que la secaría.

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3- Retirar los pimientos cuando estén tostados y colocarlos en un recipiente para que, amontonados, se vayan enfriando. El hecho de amontonarlos tiene sentido: eso permite que vayan dejando salir la humedad que contienen y la piel se irá despegando de forma natural.

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4- Retirar cuidadosamente la piel y las semillas de los pimientos. Como los míos eran del tipo “italianos”, los he cortado en tiras con los dedos.

5- Y aquí viene la magia, tan simple como efectiva, conseguir que sean agridulces: Ponerles sal a gusto, azúcar (no mucha, pero que se note que está), un diente pequeño de ajo laminado muy fino y un chorrito de vinagre de manzana. Mover los pimientos para que todo se mezcle y se vayan uniendo los sabores, cuidando de no destruirlos.

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6- Finalmente, agregar el aceite de oliva en cantidad suficiente para que queden bastante empapados, pero sin exagerar. Dejar reposar hasta el día siguiente y a gozarlos, solos con pan o acompañando alguna carne.

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