Mándalaj del primo

El primo me encontró gracias a mi hermano Víctor. El primo se llama igual, y claro, el apellido es el mismo, así que ahora hay dos. Lo que tiene la cocina, sin dudas, es que une. Y el primo pensó que lo primero que podíamos tener en común además del apellido es un plato de los que nuestras madres y abuelas preparaban en casa. Pocos, de verdad, pocos tan simples, tan humildes y tan gustosos. Como dijo mi hijo Mariano cuando se los di para probar, “son los picatostes judíos, papá”. Era tan rico y dejaba tan a gusto un plato calienta de buen caldo de pollo con Mándalaj…

Ingredientes

Mándalaj del primo3 Tazas de harina.
3 Huevos grandes.
1/2 Taza de aceite de girasol.
1/2 Taza de agua.
1 Sobrecito de polvo de hornear.
Sal a gusto.
Aceite para freír.

Preparación

Mándalaj del primoBatir los huevos con el aceite.
Poner la harina, sal y el polvo de hornear en un bol. Hacer un hueco en el centro.
Volcar sobre la harina los huevos batidos.
Comience a revolver con un tenedor y luego con los dedos.
Amasar solo para mezclar los ingredientes en una masa muy homogénea. Hay que tener en cuenta que el resultado será una masa que no será pegajosa. Si no conseguimos que la mezcla llegue a unirse totalmente, echamos mano al agua, que pondremos de a poco hasta que la masa se pueda trabajar bien.
Dividir la masa en 6 pedazos iguales. Enrollando con las manos, hacer tiras largas sobre una superficie enharinada y cortar con un cuchillo al tamaño deseado. Esta parte del proceso es parecido a la confección de gnocci (ñoquis).
Una vez cortados, se fríen en aceite caliente y una vez dorados se transfieren a toallas de papel para secar el aceite que pudiera quedar.
Pueden hacerse con anticipación y guardar en bolsas de papel. Se sirven con sopa de pollo (si es que logran llegar a la mesa, ¡porque son deliciosos!)

Nota: Busquen y encontrarán “mi caldo de pollo“, perfecto para los mándalaj.
Gracias, Eduardo Víctor Radusky

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